GENTE CON CLASE

Hay cosas que se llevan dentro, y por dentro, como la elegancia y la clase, que no depende de lo que lleves sino de cómo lo lleves, sea un traje, un paraguas o, como en este caso: un trabajo.

Todo sucedió en la barra de una cafetería, mientras un par de adolescentes se hacía un selfie esperando que les sirvieran sus consumiciones. En este caso el selfie en cuestión se hizo en común: ya que mientras uno de ellos se sacaba la auto-foto, su acompañante (cómplice o cooperador necesario) vigilaba que no le viera la persona a la que en realidad se estaba fotografiando y que iba a salir como fondo de la foto. La escena acababa con la frase del amigo cómplice diciendo “no te ha visto”, “sí si seguro, no te ha visto”. Y seguidamente la chica, tecleaba algo en el móvil, no se si guardando la foto, publicándola en algún sitio o como se dice “colgándola en la red”.

La escena me había parecido desagradable, por lo del objetivo de la foto que era hacer burla del gorro que llevaban los camareros de esa cafetería, que no hacen otra cosa ganarse el pan trabajando y llevan el uniforme que les impone la cadena de cafeterías para la que trabajan, lo que realmente me ha enganchado de la historia fue lo que pasó a continuación: la reacción de los camareros, les dieron una lección de clase que ni Pigmalión.

Pude observar como en todo momento los camareros siguieron trabajando a lo suyo, uno cobrando otro poniendo comida en las bandejas de los clientes (como en todas las cadenas primero se paga y luego se come), otro haciendo los cafés y otro los zumos naturales. Eso si todos estaban muy juntos, pero no sólo porque el espacio se lo exigía (la barra era pequeña), sino que pude ver cómo hacían piña.

Y luego vino lo mejor, cuando se hizo evidente para los dos adolescentes (los de fuera de la barra), que, en realidad, todos los camareros se habían dado cuenta de lo que había pasado, que les habían pispao vaya!. Ya en ese momento la actitud de los camareros se hizo más segura, más orgullosa e incluso algo condescendiente con quien no se entera de la película, ¡de lo que vale un peine vaya!. Eso sí, hubo derecho al pataleo: el camarero del final de la barra, el que hacía los zumos, soltó en voz alta un: “ME GUSTAA!”, y le dijo al camarero de al lado que lavaba vasos sonriendo más descaradamente: “y porqué no, es motivo de orgullo!!”.

Ya entonces los dos adolescentes, que habían sufrido una transformación facial descarada, al darse cuenta de que toda la barra de camareros se había “coscao de todo! pasaron de estar sacando pecho por haber conseguido “la foto del día” a no saber donde meterse, sufrieron en sus propias carnes, que lo que habían hecho, más que motivo de orgullo estaba siendo también motivo de burla o reproche (ocurrió un efecto rebote).

Al final de la historia “los adolescentes”, que incluso al principio de verse descubiertos tuvieron una actitud desafiante como del que espera por donde le va a venir ahora el golpe, si el café va a llevar sal o qué!, se escurrieron incómodos al piso de arriba para tomar su desayuno.

Nadie les había dicho nada, ni tan siquiera les habían mirado, pero hay cosas que se llevan dentro y porqué no, también por dentro, y que no sólo no vale la pena sacar, sino que además, saltan a la vista!: quien tiene clase la tiene, lleve lo que lleve.