LA REALIDAD METAFÍSICA DEL PROCURADOR

Hace tiempo que queríamos dedicar una Noticia a la figura del Procurador, el enfoque no lo teníamos del todo claro, y al final nos hemos decantado por poner sobre la mesa reflexiones sentidas y vividas en primera persona desde el desarrollo diario de esta profesión.

Lo cierto es que pensábamos que teníamos varios motivos para hablar de ello. No sólo desde un punto de vista  puramente mercantilista nos interesaba el tema, pues no vamos a negar que como Procuradores nos ganamos la vida con ello, sino que por otro lado, a raíz del Anteproyecto de reforma de la Ley de Enjuiciamiento Civil que nos atribuye nuevas funciones y que no fija el arancel y a raíz del inminente y controvertido Anteproyecto de Ley de Servicios Profesionales, el tema está de plena actualidad.

Sin embargo, había un motivo que nos afectaba más directamente y es el hecho de que el Procurador pueda definirse como una especie en peligro de extinción continuo.

Aún y así, no se puede evitar, el Procurador suscita mucho interés. No hay nadie que en un momento dado, no haya renunciado a volver a casa antes de saber qué es un Procurador, para qué sirve o si sirve para algo. Y lo sabemos porque explicamos diariamente a qué nos dedicamos y escuchamos por los pasillos del Juzgado como otros Procuradores y funcionarios de justicia lo explican a otras personas.

Realmente, si alguien duda del interés que suscita un Procurador, sólo tiene que recordar la última boda en la que compartió mesa de banquete con uno de ellos. Pues ese es precisamente el momento de culminación máxima del interés que despierta un Procurador. No falla. Primero suele abrir juego sólo un comensal que, de repente, en un arrebato de fe, confiesa que ¡siempre ha querido saber qué hace un Procurador!, y poco a poco, el resto de comensales se van incorporando a la conversación, para decir eso de que un día tuvieron que pagar a uno pero no lo llegaron a ver nunca. Este es el primer aspecto de la “metafísica” comentada en el título (tenían un procurador pero no lo veían…). En cuanto al Procurador interrogado, que en ese momento dispone de unos escasos minutos para definirse, o desviar la atención -dependiendo de su facilidad para ser el centro de atención-,  la experiencia puede representarle algo de riesgo, sobretodo si ama su profesión y quiere aprovechar para dejar el pabellón bien alto.

En definitiva, se trata de momentos a los que un Procurador puede hacer frente.  Distinto es lo que nos ocurre a todos los Procuradores, más temprano que tarde, cuando llega ese día“D” en el que descubrimos dónde nos hemos metido. En mi caso fue hace poco más de 10 años mientras explicaba a otro Procurador el viaje que estaba a punto de hacer por Perú: mientras le explicaba que a veces dudaba de si iba a ser capaz de soportar el itinerario para llegara Machu Picchu por el camino Inca, en la ruta larga de cinco días a pie, durmiendo en tienda de campaña y llegando a la salida del sol, él me respondió con un gesto confiado preguntándome cómo dudaba de que un Procurador pudiese con ello “¿cómo no iba a poder hacer eso un Procurador?”.

En aquel momento sentí una sensación difícil de explicar… Pues vi claramente qué lo que para mí eran lluvias, días sin civilización, sin teléfono, y poniendo a prueba mi resistenciafísica y mis dotes de relación social con desconocidos, para él eran los baches en el camino con los que día a día lidiamos -pero tampoco vamos a extendernos en ello, pues preferimos dejar las batallitas para compartirlas entre Procuradores exclusivamente, no por nada…-

También nos gustaría mencionar esos momentos en que ves a un profesor de la facultad por la calle y después de armarte de valor para decirle -abordándole-, que al final acabaste la carrera y puedes trabajar de algo que tiene que ver con el Derecho, y le explicas que eres Procurador, él/ella te mira y te sonríe y te dice que siempre ha pensado que era muy injusto lo que concierne al Procurador. Lo interesante viene después, cuando empieza a desarrollar la idea de la injusticia, en vez de en la incomprensión del trabajo del Procurador, en el hecho de que se trata de un aspecto puramente comercial del Derecho y que representa un abuso para el cliente. Ante ello sólo puedes consolarte pensando que las universidades siguen estando fuera de la realidad y acabas la conversación un tanto arrepentida de haberla empezado.

Pero, por último, creo que una de las cosas más raras de esta profesión es el hecho de que cuando empiezas a saber de qué va, y ves que en el plano legislativo se van a atribuirs más funciones al Procurador, acercándose por tanto el momento en que te atreves a decir que eres Procurador, ves que es una profesión que podría desaparecer. Es decir, justo cuando puedes decir que eres Procurador, y empiezas a ser, estás a punto de dejar de ser, y por lo tanto a punto de no ser. Es algo parecido a una realidad metafísica.