AL LÍMITE

El panorama actual pone de relieve que algo no debemos estar haciendo bien, pues son muchas las cosas que no están funcionando y muy poca la confianza que se palpa en el ambiente. Así se ha demostrado en el ámbito judicial, con el clamor social provocado por la legislación hipotecaria, sus trágicos sucesos, y el rechazo a la llamada ley de tasas, que también se ha sabido hacer escuchar.

Últimamente han empezado a verse actitudes de cambio, propiciadas en gran medida por la toma de conciencia de la fuerza, y la gran capacidad de influencia, de los movimientos colectivos: Se ha admitido a trámite la Iniciativa Legislativa Popular para la dación en pago con efecto retroactivo y, la paralización de los “desahucios”; ya tenemos fecha para conocer si el Tribunal de Justicia de la UE considera que nuestra ejecución hipotecara vulnera la normativa comunitaria de protección de los consumidores; y, el Gobierno, se ha comprometido a revisar y modular las tasas judiciales.

Pero, puestos a comprometernos, ¿no sería mejor actuar mirando más de frente que para atrás? Nosotros compartimos la idea de que “No es el momento de juzgar de acuerdo con los precedentes, sino de establecer un precedente para el futuro.” (Henry David Thoreau, Desobediencia civil).

Bajo la premisa de que  cualquier  propósito -por legítimo que sea- tiene sus propios límites, rechazamos la  tendencia generalizada de mandar a todo el mundo a la hoguera, más si cabe, considerando que el  profesional delincuente, con sus actos, no convierte a todo su gremio en delincuente. Si la línea que nos separa del pensamiento populista es demasiado fina, nos alejaremos de la realidad, y en realidad, lo cierto es que aún confiamos en que quedan muchas personas íntegras, capaces de servir a la sociedad desde la política, los sindicatos, las instituciones, las empresas y los Bancos. Y, cómo no, desde la Justicia.

Ahora bien, habiendo fijado la idea de “cómo tratar”, sí que creemos que para defender ciertas causas es conveniente ir al límite, osea hasta el final, y que ha llegado el momento de posicionarse, pues antes que profesionales somos ciudadanos y antes que ciudadanos, personas. En este sentido, apostando por la fuerza del hombre como hombre y no tanto del hombre como Juez, el autor de referencia sostenía: Yo confiaría mucho más en la opinión del pueblo. Con su voto se conseguirá algo de cierto valor, aunque no demasiado, pero de otro modo sólo tendréis, decida lo que se decida, el juicio equivocado de un individuo sin valor alguno”.

Es decir,  los Tribunales sólo aplican la Ley, pero son los hombres quienes pueden y deben utilizar los instrumentos de que disponen para hacer que la Ley sea más justa.

Procuraduría Alicia Portabella